Lo que aprendimos después de casi 400 auditorías de vacunación

En ISSA queremos reforzar la capacitación y el acompañamiento técnico, porque la vacunación no es solo un procedimiento: es una responsabilidad compartida.

1. La vacuna protege, pero la ejecución define cuánto

Cuando iniciamos ISSA en 2017, decidimos formar nuestro propio equipo de vacunación. Empezamos desde el campo: vacunamos nosotras mismas, compartimos jornadas con los equipos de las granjas y vivimos de cerca lo que implica vacunar cientos y miles de aves.

Esa experiencia, sumada a las aproximadamente 350 a 400 auditorías en las que hemos participado en nueve años, nos dejó una idea central: la protección no depende solo de la vacuna, también de cómo se ejecuta la vacunación. Entre la calidad de una vacuna y la protección esperada existe un componente indispensable: su correcta administración en campo.

También aprendimos que el tamaño del lote determina la estrategia. Al crecer el número de aves, debemos pensar en vacunadores, equipos, tiempos, rotación del personal, ritmo de trabajo y, sobre todo, supervisión.

El vacunador se cansa, el gatilleo va cayendo, la técnica puede variar y el ritmo puede imponerse sobre la precisión, algo que hemos observado muchas veces. Por eso auditar no significa observar solo el inicio: hay que acompañar todo el proceso.


2. Una buena vacunación empieza antes de la primera aplicación

Entendimos que hablar solo de la técnica de aplicación deja fuera una parte importante del proceso. Antes de que alguien tome una jeringa o un gotero ya ocurrieron etapas que influyen en el resultado.

Debemos planificar la vacunación con anticipación para que el proveedor pueda preparar el producto, organizar el despacho y transportarlo correctamente.

Cuando la vacuna llega a la granja, revisamos su temperatura, las condiciones de traslado y el almacenamiento. La cadena de frío no debe suponerse: debe controlarse y medirse.

Resumimos la secuencia así:

PLANIFICAR → TRASLADAR → RECIBIR → ALMACENAR → PREPARAR → APLICAR → SUPERVISAR → VERIFICAR

Cada etapa prepara la siguiente, y en cada una hay personas tomando decisiones.


3. Las personas y los equipos también forman parte del programa

Esta es probablemente una de las enseñanzas más importantes de estos nueve años. Podemos contar con una vacuna de excelente calidad, un programa sanitario bien establecido y buenos equipos, pero llega un momento decisivo: una persona tiene un ave en las manos y debe dar la dosis correcta, por la vía correcta y con la técnica correcta.

Por eso no vemos al vacunador solo como quien "aplica la vacuna", sino como parte fundamental del proceso. Debe conocer la técnica, comprender lo que hace, trabajar con equipos adecuados y contar con capacitación y supervisión.

Quienes supervisamos tenemos la responsabilidad de darle las condiciones para hacer bien su trabajo. Lo resumimos así: "La diferencia no solo está en el protocolo, está en quién lo ejecuta y el nivel de preparación que tiene." No buscamos culpables cuando algo sale mal; buscamos construir procesos que reduzcan la posibilidad de error.

Todas las herramientas que ponemos en sus manos importan: jeringas, pistolas, agujas, punzones, mangueras y demás equipos deben estar completos, limpios, correctamente preparados y calibrados. Una jeringa calibrada al inicio no necesariamente sigue correcta durante toda la jornada, y por eso insistimos tanto en la supervisión.


4. Supervisar para corregir y seguir aprendiendo

Cientos de jornadas nos han enseñado que el proceso cambia mientras ocurre: aparece el cansancio, cambia el ritmo, varía la técnica y los equipos pueden perder calibración. Por eso la supervisión debe ser constante, con controles, listas de verificación y capacidad de hacer correcciones inmediatas ante cualquier desviación.

Para nosotras, el valor de una auditoría no está en terminar la jornada con una lista de errores, sino en detectarlos mientras aún estamos a tiempo de corregirlos.

Desde las primeras jornadas de 2017, cada granja y cada equipo nos ha dejado algo. Hemos aprendido de nuestros errores, de los vacunadores, de los responsables de granja y de nuestros clientes, y también de detenernos a observar procesos rutinarios que podemos empezar a hacer de forma automática.

Esta experiencia la convertimos en constantes capacitaciones y acompañamiento técnico, porque estamos convencidas de que mejorar la vacunación depende de todo el proceso alrededor de los productos y de reconocer el valor de las personas que lo hacen posible cada día. La vacunación no es solo un procedimiento: es una responsabilidad compartida.

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