Nueve años acompañando vacunaciones en campo nos han dejado claro que la vacunación es un proceso en el que las personas son fundamentales, y que no todas las vacunas se aplican de la misma manera
Antes de iniciar cualquier vía, hay elementos que deben ser comunes: planificación, bioseguridad, personal capacitado, equipos adecuados, correcta conservación del producto y supervisión. A partir de ahí, cada vía requiere un manejo distinto.
1. Aplicación ocular: una gota que parece sencilla, pero exige precisión
Es una de las vacunaciones que realizamos con mayor frecuencia y, justamente por parecer sencilla, podemos subestimar sus puntos críticos. El tiempo, la técnica y la supervisión son fundamentales. En nuestras auditorías hemos observado mucha rotación de personal, y formar una gota correctamente ave tras ave, durante toda la jornada, requiere entrenamiento. Por eso conviene que una persona sea responsable de la reconstitución, registre la hora de preparación de cada frasco y controle su tiempo de uso según las indicaciones del fabricante.
También debemos cuidar las vacunas aún no reconstituidas: la caja térmica debe permanecer bien cerrada y su temperatura debe controlarse. La cadena de frío no se supone, se mide. Hemos encontrado vacunas ya reconstituidas que se devolvían a una caja con hielo, creyendo que así podrían usarse por más tiempo, pero el frío no reinicia ni prolonga automáticamente el tiempo de uso.
Durante la aplicación, el frasco y el gotero deben prepararse para formar una gota completa y uniforme, la cabeza del ave debe mantenerse firme y debemos permitir que primero se forme la gota y que luego caiga por completo al ojo. Además, hay que esperar a que el ave parpadee antes de liberarla. Esto cobra mayor relevancia con vacunas frente a agentes importantes para la producción, como Newcastle. No se trata de terminar el lote, sino de vacunar correctamente cada ave.
2. Aplicación subcutánea en cuello: asegurar que la dosis quede en el ave
Cambian la técnica y los puntos a supervisar. Cuando se usan vacunas que requieren acondicionamiento previo, este debe seguir las indicaciones específicas del fabricante y un procedimiento establecido; si la granja usa “baño María”, el proceso debe estar estandarizado y ser controlado. Las jeringas y mangueras deben estar limpias, preparadas y calibradas, y las agujas en buen estado.
Durante la aplicación hay que levantar correctamente la piel del cuello simulando un ángulo de 45 grados y depositar la vacuna debajo de ella para evitar pérdidas. Esto debido a que la dosis de uso va entre los 0,2 a 0,5 mililitros y si el cuello está mojado significa que esa ave no fue vacunada correctamente.
Es necesario auditar durante toda la jornada. Entre las oportunidades de mejora que nosotras hemos encontrado en campo están:
Temperatura inadecuada del producto.
Agujas que no se reemplazan con la frecuencia establecida.
Jeringas que no se controlan ni se recalibran durante la vacunación.
Cuellos mojados al revisar las aves, señal de que parte de la vacuna pudo perderse.
Un "gatilleo" que empieza bien, pero pierde precisión a medida que avanza la jornada.
No basta con revisar la jeringa antes de empezar: hay que volver a revisarla durante el proceso. Con vacunas frente a agentes como Salmonella, debemos tener plena conciencia de que la dosis indicada debe administrarse correctamente al ave.
3. Aplicación intramuscular en pecho: ubicación y técnica hacen la diferencia
Aquí vuelven a ser fundamentales tres elementos: producto, equipo y persona. La vacuna debe manejarse y acondicionarse según las indicaciones correspondientes; las jeringas y mangueras deben estar limpias y calibradas, y las agujas deben reemplazarse según el procedimiento establecido. A ello se suma otro punto crítico: la anatomía del ave y la técnica de la vacunadora.
Debemos identificar la zona de aplicación, introducir la aguja con el ángulo establecido y administrar la vacuna antes de retirarla. En nuestra capacitación trabajamos específicamente la identificación del tercio superior del pecho y la técnica correcta.
Insistimos en capacitar al personal porque en campo hemos encontrado situaciones evitables: mangueras no sanitizadas tras la vacunación anterior, agujas desgastadas por no reemplazarse a tiempo, vacunas a temperatura inadecuada y, quizá lo más delicado, personal sin entrenamiento suficiente que aplica en una ubicación o profundidad incorrectas, con riesgo de lesionar estructuras internas y causar daños graves al ave. La velocidad nunca debería reemplazar a la técnica: una aplicación correcta asegura la dosis y evita lesiones innecesarias.
4. Punción alar: sencilla a la vista, pero necesita control
Aparentemente una técnica sencilla y simple, pero también tiene puntos críticos que debemos vigilar. Como se trata de vacunas que requieren preparación y conservación específicas, debemos mantener las condiciones indicadas para el producto hasta su utilización.
Antes de comenzar, como en todas las vacunaciones, hay que tener listos todos los materiales: vacuna, diluyente, guantes, elementos para la reconstitución y punzones en buenas condiciones. Durante la aplicación se debe cargar bien el punzón, extender el ala, visualizar la membrana y punzar en la zona correspondiente del pliegue.
En algunas auditorías hemos encontrado pérdidas de cadena de frío, por asumir erróneamente que esta vacuna necesita menos cuidados que una ocular, cuando ambas deben seguir el mismo protocolo respecto a la cadena de frío.
También hallamos punzones que seguían introduciéndose en un frasco prácticamente vacío por falta de supervisión, y punzones usados durante demasiadas aplicaciones sin cambiarlos. Y nuevamente queda la misma enseñanza: haber pasado por todas las aves no significa necesariamente haber vacunado correctamente a todas las aves.
Es importante recalcar que la vacunación no termina con la última ave. Luego viene el registro, la limpieza y sanitización de los equipos, la correcta disposición de los residuos y la verificación del cumplimiento del proceso. Toda esta información nos permite aprender y mejorar.
¿Qué nos ha enseñado el campo?
Después de acompañar cientos de vacunaciones, hay prácticas que para nosotras hacen una enorme diferencia: planificar antes de comenzar, asignar responsabilidades claras, contar con personal entrenado y mantener una supervisión permanente.
Alguien debe encargarse de preparar y controlar las vacunas, alguien debe verificar los equipos y alguien debe observar cómo se vacuna mientras se vacuna, porque es en ese momento cuando todavía podemos corregir.
No deberíamos esperar al final de la jornada para descubrir que algo salió mal. Tampoco deberíamos improvisar, incorporando a una persona que nunca ha realizado determinada técnica sin brindarle antes capacitación y acompañamiento. Detrás de una jeringa, un gotero o un punzón hay una persona tomando pequeñas decisiones durante toda la jornada y cuando multiplicamos esas decisiones por miles de aves, dejan de ser pequeñas.
Vacunar no es solamente aplicar una dosis. Es conservarla correctamente, prepararla, administrarla por la vía indicada, verificar que llegó al ave y supervisar que el proceso se mantenga desde la primera hasta la última aplicación. Por eso, en ISSA creemos que la capacitación y la auditoría no están alrededor de la vacunación: son parte de ella.